Diseños respetuosos

Familia de creadores

De todas las maneras concebibles, la familia es la unión a nuestro pasado, el puente a nuestro futuro.
Alex Haley,  Raíces (1976)

No sé si me he dedicado a la creación y a la artesanía por herencia, influencia o porque, simplemente, estaba capacitada para ello. Hay estudios en el campo de la neurología (Rebeca Chamberlain, Neurolmage, 2014) que apuntan que los artistas tienen cerebros estructuralmente diferentes pero también estiman que el entorno y la capacitación son elementos básicos para poder desarrollar habilidades en el campo del arte. No sé cual es el factor determinante pero lo cierto es que, desde mi infancia, estuve rodeada de creatividad.

Cuando en una casa encuentras cuadros y libros, dibujos y maquetas, lápices y pinceles, costuras y cocina, no te aburres. Nunca.

De mi bisabuelo Joan Valls Xufré, diseñador de muebles, quedan algunas fotografías de sus creaciones y también la constancia, en forma de patente, de la innovación que aportó en un tipo de anclajes necesarios en la carpintería de sillas y sillones. Con influencia del estilo Bauhaus, Arts&Crafts, Art decó o con modelos más clásicos creaba desde su fábrica en Barcelona sofás, butacas y sillas de forma completamente artesanal con operarios que destilaban arte de sus manos. Lamentablemente, la Guerra Civil terminó con esta empresa.

Mi abuelo, Ferran Valls i Trullàs, diseñaba y decoraba. En su casa, la mesa de diseño era uno de los espacios más importantes. Entonces no había programas informáticos que ayudasen en la tarea: eran dibujos técnicos y creativos a mano alzada. No dejan de maravillarme sus diseños en acuarela, una de las técnicas más difíciles en pintura. Pero no sólo diseñaba, como también lo hizo su madre, mi bisabuela Rosa, dibujaba a lápiz o tinta de forma excepcional.

Sentada en el sofá de mi casa, si miraba las paredes me encontraba, entre otros, los fascinantes, arrebatadores y desbordantes de imaginación cuadros de mi tío Joan Valls Castellà. La producción era variada en técnicas y motivos. Me fascinaba como podía cambiar la realidad conceptualizándola sin traicionarla, pero llenándola de color y fuerza, de sentimiento y emoción.

También estaban los cuadros de mi tío abuelo, Joan Antoni Valls i Trullàs, mi tío Antonio (así le llamaba). Paísajes evocadores, figuras erráticas, cielos turbadores. Dijeron de él que nadie pintaba mejor las nubes. Podía dejar mi mente perderse entre las pinceladas de los óleos durante mucho tiempo.

En otra habitación, el taller de mi padre, Ferran Valls, podía ver como unas cuantas piezas iban tomando forma hasta convertirse en un avión que luego iba a poder volar. Su afición por el aeromodelismo, heredado de su padre, se contagió también a mi hermano Sergi. Eran piezas increíbles por su aerodinámica, por sus detalles y por el minucioso trabajo técnico y artístico. Ese pequeño taller me permitió ver, aprender y empezar a crear. Definitivamente, mi dirección apuntaba a lo artístico.

De mi madre Vicky aprendí mucho sobre estilos, tejidos, muebles… Aprendí a decorar los espacios, a componer una pared con cuadros, a combinar estilos. Su trabajo en decoración, su gusto exquisito, su habilidad para crear y sus consejos siguen siendo imprescindibles.

Pero también en mi casa había otros tipos de creadores. Mi bisabuela, Maria Solé Papera, por parte de madre, fue cantante de ópera. De mis abuelas, Conchita (la iaia)  y MªÀngeles (la abuelita) aprendí como estas mujeres valientes y fuertes que crecieron en tiempos convulsos eran capaces de crear comidas exquisitas con cuatro ingredientes; podían coser, bordar, remendar, tejer, diseñar o confeccionar un vestido, una colcha, un bolso o un jersey. La generación de mis abuelas, con la juventud rota por la guerra y la posguerra, ha sido increíble. No dejaré nunca de quererlas y admirarlas.

Hoy quiero dedicar este pequeño espacio a las personas de mi familia que admiré y admiro, que estuvieron y están a mi lado y en mi corazón. Y quiero también dar las gracias a mi pareja Llorenç, por su ayuda, su continuo aliento, sus consejos e ideas que  me hacen mejorar en mi trabajo pero sobre todo, me hacen ser mejor persona.

A todos ellos, mis gracias infinitas, porque llenaron mi espacio de magia. Porque el arte y la creación son verdadera magia.

6 Comments
  • Monica
    Posted at 18:59h, 13 June Reply

    Qué bonito reconocimiento a tu linaje 🙏

    • Kimu
      Posted at 22:13h, 13 June Reply

      Gracias Mónica! Celebro que te haya gustado! Es un post muy especial para mi…^^

  • Ester
    Posted at 16:14h, 14 June Reply

    A mi, també m’ha encantat, tenim una família increïble!!!

    • Kimu
      Posted at 16:17h, 14 June Reply

      Gràcies Ester! Són fantàstics, ja m’hagués agradat conèixer-los a tots!😀

  • Maria
    Posted at 19:03h, 14 June Reply

    És un privilegi créixer envoltada d’art!!!

  • VICKY
    Posted at 13:04h, 11 July Reply

    SIMPLEMENTE……. LA PIEL DE GALLINA. GRACIAS MI NIÑA

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Familia de creadores

De todas las maneras concebibles, la familia es la unión a nuestro pasado, el puente a nuestro futuro.
Alex Haley,  Raíces (1976)

No sé si me he dedicado a la creación y a la artesanía por herencia, influencia o porque, simplemente, estaba capacitada para ello. Hay estudios en el campo de la neurología (Rebeca Chamberlain, Neurolmage, 2014) que apuntan que los artistas tienen cerebros estructuralmente diferentes pero también estiman que el entorno y la capacitación son elementos básicos para poder desarrollar habilidades en el campo del arte. No sé cual es el factor determinante pero lo cierto es que, desde mi infancia, estuve rodeada de creatividad.

Cuando en una casa encuentras cuadros y libros, dibujos y maquetas, lápices y pinceles, costuras y cocina, no te aburres. Nunca.

De mi bisabuelo Joan Valls Xufré, diseñador de muebles, quedan algunas fotografías de sus creaciones y también la constancia, en forma de patente, de la innovación que aportó en un tipo de anclajes necesarios en la carpintería de sillas y sillones. Con influencia del estilo Bauhaus, Arts&Crafts, Art decó o con modelos más clásicos creaba desde su fábrica en Barcelona sofás, butacas y sillas de forma completamente artesanal con operarios que destilaban arte de sus manos. Lamentablemente, la Guerra Civil terminó con esta empresa.

Mi abuelo, Ferran Valls i Trullàs, diseñaba y decoraba. En su casa, la mesa de diseño era uno de los espacios más importantes. Entonces no había programas informáticos que ayudasen en la tarea: eran dibujos técnicos y creativos a mano alzada. No dejan de maravillarme sus diseños en acuarela, una de las técnicas más difíciles en pintura. Pero no sólo diseñaba, como también lo hizo su madre, mi bisabuela Rosa, dibujaba a lápiz o tinta de forma excepcional.

Sentada en el sofá de mi casa, si miraba las paredes me encontraba, entre otros, los fascinantes, arrebatadores y desbordantes de imaginación cuadros de mi tío Joan Valls Castellà. La producción era variada en técnicas y motivos. Me fascinaba como podía cambiar la realidad conceptualizándola sin traicionarla, pero llenándola de color y fuerza, de sentimiento y emoción.

También estaban los cuadros de mi tío abuelo, Joan Antoni Valls i Trullàs, mi tío Antonio (así le llamaba). Paísajes evocadores, figuras erráticas, cielos turbadores. Dijeron de él que nadie pintaba mejor las nubes. Podía dejar mi mente perderse entre las pinceladas de los óleos durante mucho tiempo.

En otra habitación, el taller de mi padre, Ferran Valls, podía ver como unas cuantas piezas iban tomando forma hasta convertirse en un avión que luego iba a poder volar. Su afición por el aeromodelismo, heredado de su padre, se contagió también a mi hermano Sergi. Eran piezas increíbles por su aerodinámica, por sus detalles y por el minucioso trabajo técnico y artístico. Ese pequeño taller me permitió ver, aprender y empezar a crear. Definitivamente, mi dirección apuntaba a lo artístico.

De mi madre Vicky aprendí mucho sobre estilos, tejidos, muebles… Aprendí a decorar los espacios, a componer una pared con cuadros, a combinar estilos. Su trabajo en decoración, su gusto exquisito, su habilidad para crear y sus consejos siguen siendo imprescindibles.

Pero también en mi casa había otros tipos de creadores. Mi bisabuela, Maria Solé Papera, por parte de madre, fue cantante de ópera. De mis abuelas, Conchita (la iaia)  y MªÀngeles (la abuelita) aprendí como estas mujeres valientes y fuertes que crecieron en tiempos convulsos eran capaces de crear comidas exquisitas con cuatro ingredientes; podían coser, bordar, remendar, tejer, diseñar o confeccionar un vestido, una colcha, un bolso o un jersey. La generación de mis abuelas, con la juventud rota por la guerra y la posguerra, ha sido increíble. No dejaré nunca de quererlas y admirarlas.

Hoy quiero dedicar este pequeño espacio a las personas de mi familia que admiré y admiro, que estuvieron y están a mi lado y en mi corazón. Y quiero también dar las gracias a mi pareja Llorenç, por su ayuda, su continuo aliento, sus consejos e ideas que  me hacen mejorar en mi trabajo pero sobre todo, me hacen ser mejor persona.

A todos ellos, mis gracias infinitas, porque llenaron mi espacio de magia. Porque el arte y la creación son verdadera magia.

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